“Ben Hur”: 11 Oscars para un reto aún no superado

Tiempo de lectura: 3 minutos

¿Puede un consolidado director ganar aún más prestigio, filmando el “remake” de una película que en su día obtuvo ya gran éxito? Sí, siempre y cuando la mejore. Como hizo William Wyler en 1959 con “Ben Hur”.

Habían transcurrido treinta años desde la mítica cinta muda de Fred Niblo, y Wyler estaba convencido de que podía rodar una insuperable versión sonora. Tenía un nombre en Hollywood, un colosal presupuesto y unos medios técnicos revolucionarios. Sólo faltaba acertar en la elección de los actores, el encargado de fotografía y, por supuesto, de la música. Ésta no podía ser inferior al resto de los elementos que dotarían a “Ben Hur” de la perfección que perseguía.

El elegido

El cineasta confió en Miklós Rózsa. Quizá por haber colaborado con él en 1951 en el policíaco “Brigada 21”. O porque el compositor húngaro había realizado ya varias incursiones en el género, a diferencia de Wyler. Rózsa había cosechado excelentes críticas por las bandas sonoras de “Quo Vadis”, de Mervyn LeRoy y de la adaptación shakespeariana de “Julio César” dirigida por Joseph Leo Mankiewicz. Por tanto, era el candidato capaz de plasmar la grandeza que Wyler quería para su epopeya.

Podéis profundizar aquí en el análisis de la película que hice junto a mis compañeros de “Estamos de cine”. Paso ya a la banda sonora.

Un precedente más que válido

La música de “Quo Vadis” sería el modelo a seguir. De hecho, existe una clara influencia de ésta en cuanto al estilo de sus fanfarrias y marchas. Pero, además, se da una coincidencia entre ambas partituras: Ocho años atrás ya habían podido apreciarse unos retazos del tema de la entrada de Valerio Graco en Jerusalén, dentro del Preludio a la segunda parte de “Quo Vadis”. En los siguientes enlaces comprobaréis esta curiosidad.

BEN HUR

Memorizad ese fragmento y escuchad a continuación la segunda pieza en el intervalo de los minutos 1:22-2:10 y 2:59-3:25.

QUO VADIS

Componiendo a partir de la nada

Para crear ambas bandas sonoras Miklós Rózsa tuvo que salvar un importante hándicap. Apenas han llegado a nuestros días documentos musicales del Imperio Romano. Se conocen algunos instrumentos utilizados en aquella época (aulós, cornum, buccina, crótalos, lira, tympanum). Pero nada más.

Así que Rózsa imaginó cómo podía sonar aquella música pensando en los territorios del Imperio. En tres de sus grandes áreas existían partituras que podían inspirarle para adaptar otras nuevas: Mediterránea, griega (que comprendía la zona asiática conquistada por Alejandro Magno) y hebrea. Dilema resuelto.

La reconstrucción tímbrica no fue tan problemática. Siguiendo el mismo orden anterior aquellos instrumentos eran los antecesores del oboe, la tuba, el trombón, la trompeta, los platillos, el arpa, o el tambor. Incluso Rózsa añadió otros que encajaban con el contexto histórico y que daban una mayor espectacularidad. Tal es el caso del cuerno que suena justo entre el final de la escena de la adoración de los pastores y los títulos de inicio de la película. En estos, como en el final, acompañan las campanas.

La orquesta al completo, todo un mundo de posibilidades

En la banda sonora de “Ben Hur” predomina el uso del viento metal y de la percusión para aumentar la grandiosidad. Ésta incluso toma el protagonismo en algún tema, como el que marca el ritmo progresivo de los remeros en la galera.

Pero el guión de “Ben Hur” – basado en la novela de Sir Lewis Wallace – abarcaba también pasajes que no podían tratarse de una forma tan épica y con la fuerza del poder de Roma. Para los tipos de escenas que os explicaré a continuación Rózsa otorgó cierta relevancia a otros instrumentos, utilizando toda la orquesta:

  • Religiosas: Cuando aparece Jesús de Nazareth la música se dulcifica. Desde su nacimiento escuchamos coros que crean una atmósfera celestial (Rózsa empleará este recurso de nuevo en otra película sobre Cristo, “Rey de Reyes”).

Dicha premisa se extiende a lo largo de todas esas secuencias, salvo en la procesión al Calvario, donde la banda sonora se vuelve dramática y grave.

  • De amor: Sobre todo en el diálogo entre Judá y Esther, donde él le concede la libertad como esclava. El tema de esa secuencia será el de ella, sostenido por los violines. Está presente en muchos momentos de la película, y también en mi repertorio. Su belleza es increíble.
  • De cautiverio: Los instrumentos de viento tocan unas líneas melódicas que presagian algo negativo. Se repetirán cada vez que se aluda al valle de los leprosos. Impactante, contundente y nervioso.

Todas estas características convierten la música de “Ben Hur” en una de las mejores de la historia del cine. Por supuesto se alzó con la estatuilla. Desde entonces, sólo “Titanic” y la trilogía de “El señor de los anillos” han logrado igualar esos 11 Oscars. ¡38 años después!

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