“Django desencadenado”: Tarantino, como nunca antes se había revelado

Tiempo de lectura: 3 minutos

No, no me he vuelto loco. “Pulp Fiction”, “Kill Bill” o “Malditos bastardos” lo encumbraron. Pero hubo que esperar a “Django desencadenado” para profundizar en los orígenes de Quentin Tarantino. A muchos les fascina su manera de rodar. Sin embargo, olvidan cuáles han sido las influencias de ese estilo. Su primera incursión en el western lo descubrió en 2012. Además, “Django desencadenado” es un buen ejemplo para explicar por qué las bandas sonoras de todas las películas de Tarantino son excelentes.

Nada es casual

Ni el nombre del héroe de esta historia, ni que aparezca Franco Nero durante la sádica presentación del personaje de Leonardo Di Caprio… ni su música. De hecho, con estos tres elementos Tarantino homenajea al título que marcó su manera de ver el cine: “Django”, de Sergio Corbucci. Tanto, que adivinad de dónde tomó la escena más recordada de “Reservoir dogs”, su ópera prima.

El primero es evidente. El esclavo al que da vida Jamie Foxx se llama como la película. Por su parte, Nero fue el protagonista en la de 1966. En cuanto a la música, a continuación os cuento más, recordando que aquí podéis escuchar el análisis detallado que hicimos en “Estamos de cine”.

La banda sonora que compendia todo el universo tarantiniano

En mi opinión, la banda sonora de “Django desencadenado” contiene todas las predilecciones de Tarantino. Para empezar, su tema principal es el de la original. Cuando lo escuché, me pareció una de esas joyas que rescatar también del olvido y por ello lo trabajé para incorporarlo a mi repertorio. Además, me permitía dar a conocer a su autor, el argentino Luis Enríquez Bacalov, del que Tarantino seleccionó otros dos temas suyos para la película: “His name is King” (para King Schultz, interpretado por Christoph Waltz) y el tremendo “La corsa”.  

La verdad es que el italoamericano Rocky Roberts lo borda:

A continuación, cómo no, una pieza de su (nuestro) admirado Ennio Morricone. Bueno, una sólo no, sino hasta cuatro a lo largo del metraje. Dos pertenecientes a “Two mules for Sister Sara” (aquí traducida como “Dos mulas y una mujer, divertida muestra del género dirigida por Don Siegel y protagonizada por Clint Eastwood y Shirley MacLaine). El tercero y el cuarto – “Ancora qui” y “Un monumento” – fueron las primeras colaboraciones de Morricone con Tarantino, antes de que lo hiciera en exclusiva para él en “Los odiosos ocho”.

Luego vendría la parte ecléctica que a Quentin siempre le gusta incluir en sus bandas sonoras. El tema principal de “El día de la ira” (otro western con música de Riz Ortolani), al que siguen varios de country, pop, rock, e incluso rap como ese “100 black coffins”, de Rick Ross. Todos, sin excepción, encajan aunque la acción transcurra en el siglo XIX. Quizá por esa combinación entre música del Far West, de sonidos propios de las localizaciones y de artistas afroamericanos.

Lo mismo sucede con otro que, para mí, es de los mejores del disco. Nominado al Oscar y compuesto por el gran Jerry Goldsmith para “Bajo el fuego”, una trama periodística sobre la revolución sandinista que se titulaba como el país donde ésta tuvo lugar: “Nicaragua”.

La banda sonora de “Django desencadenado”, como todas las de las películas de Tarantino, es de las que te recomiendo para llevar en el coche. Puedes disfrutarla mientras conduces para que tus trayectos se hagan más cortos. Desde luego te va a entretener, atrapar y para nada te adormecerá. Eso sí, siempre con un volumen moderado.

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