«Drácula, de Bram Stoker»: Condenado a la eternidad

Tiempo de lectura: 3 minutos

«He cruzado océanos de tiempo para encontrarte»

Uno de los mayores iconos literarios adaptados al cine es el Conde Drácula. Muchos actores le han dado vida. Los más recordados, quizá, Bela Lugosi y Christopher Lee. Aunque también lo encarnaron Klaus Kinski, Frank Langella – en una versión con partitura de John Williams – y, claro, Gary Oldman. Sin duda alguna, el Drácula más fiel al libro homónimo del irlandés Abraham (Bram) Stoker. Uno de mis predilectos y que leí cuando ya había visto unas cuantas películas sobre él, enriqueciendo mi visión personal.

Una narración diferente

Francis Ford Coppola fue el único director que contó la historia a través de las cartas y diarios de los protagonistas, respetando el estilo epistolar de la novela. Éste permite conocer los hechos según la perspectiva de cada personaje. Además, esos puntos de vista pueden cambiar también según cómo varían sus vivencias. Por ejemplo, Jonathan Harker. Pasa de ser un agente inmobiliario profesional seguro de sí mismo, a un hombre débil y aterrado. Teme perder la razón y la vida a manos del Conde y le preocupa lo que pueda ocurrirle a Mina Murray cuando el vampiro llegue a Londres.

Por tanto, no es casual que Coppola titulara a su película “Drácula, de Bram Stoker”. Además, al igual que en la novela, explica el origen del monstruo y su capacidad para transmutarse. Un ser atormentado por la pérdida de su prometida. Una tortura psicológica que lleva al cruel Príncipe Vlad “El Empalador” a preferir las tinieblas en detrimento de Dios, argumentando que el que creía Todopoderoso no ha hecho nada para salvarla de la muerte.

Bautismo de fuego

El compositor Wojciech Kilar, toda una institución musical en su Polonia natal, era sin embargo un desconocido fuera de su país. Por ello el encargo de la banda sonora de Drácula, de Bram Stoker supuso para él un auténtico bautismo de fuego. Su excelente trabajo para Francis Ford Coppola, en el que luego profundizaré, no obtuvo ningún premio. Pero no pasó inadvertido para un cineasta compatriota suyo. Roman Polanski apostó entonces por colaborar con él durante aquella década en tres de sus títulos. Entre ellos, “La muerte y la doncella” y “El pianista”.

Música terrorífica y romántica

Coppola pretendía mantener esa combinación de terror y romanticismo del original, y la música no podía separarse de esa norma. Cuatro son los temas en los que se sustenta la banda sonora de “Drácula de Bram Stoker”, a excepción de “Love song for a vampire” interpretada y compuesta por Annie Lennox para los títulos de crédito de la película.

Kilar añade variaciones, polifonía, voces fantasmales y efectos sonoros muy sobrecogedores. También crea temas secundarios a partir de estos cuatro básicos, que son los siguientes:

  • Tema de Drácula (y de todo lo relativo al vampirismo): Lo inicia la percusión en forma de golpes que marcan el ritmo. La acompañan unos inestables acordes tocados por el piano. Progresivamente se incorporan los instrumentos de cuerda más graves. La melodía se desarrolla en tonalidad menor, con intervalos no muy amplios y reiterativos. La armonía huye de la consonancia para incidir en la naturaleza malvada del monstruo y evitar cualquier atisbo de humanidad en él. La pieza termina in crescendo para mostrar el poder sobrenatural del Conde.

Kilar logra que esta pieza infunda tanta inquietud como la terrorífica risa del propio Drácula.

  • Tema de los cazadores del vampiro: Se caracteriza por su dinamismo, con un ostinato que representa la obsesión que tienen con Drácula. Los instrumentos más graves de viento metal simbolizan el mal, “luchando” con las intermitentes apariciones de los agudos en los de cuerda (el bien).

En la escena en la que los cazadores aguardan a que Drácula se acerque a la agonizante Lucy Westenra, la orquesta imita el sonido de un ferrocarril. Éste será el transporte que tomarán después para viajar hasta Rumanía con el fin de dar muerte al vampiro. Esto ocurre hasta el minuto 2:30, donde se entremezclan los otros dos temas principales que faltan:

  • Tema de Mina: Fantasmagórico. Causa una sensación de ensoñación y lejanía en el tiempo, como si enlazara entre la Elizabetta muerta y su reencarnación. Los violines (y/o una soprano) interpretan el tema, mientras los instrumentos más graves marcan un lento y sobrio acompañamiento. Es la metáfora de que Drácula siempre está presente cuando la prometida de Jonathan Harker aparece.
  • Tema de amor: El único en el que predominan los instrumentos más dulces y de sonido suave (arpa, clarinete, oboe, flauta, violines). Incluso el piano abandona esas notas inestables, apoyando al resto de la orquesta con sus sonidos graves. La melodía se divide en dos partes: El ya mencionado tema de Mina y el tema de amor propiamente dicho (eterno), apasionado y creciente en intensidad.

 

Dicen que el tiempo pone a cada uno en su sitio. Los críticos musicales opinan hoy que la banda sonora de Kilar lo ha encontrado entre las mejores. Su composición, como el vampiro, se recordará durante años. Bendita condena.

 

Comparte esta entrada en tus redes sociales
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin