“El laberinto del fauno”: Una música entre dos mundos

Tiempo de lectura: 3 minutos

Cuando Guillermo del Toro estrenó “El laberinto del fauno”, pocos esperaban el resultado que vieron en pantalla. Otra película nacional más sobre la posguerra, pensaron algunos. Una tarde de cine en familia porque parece infantil, creyeron otros.

Sin embargo, los primeros se encontraron con una perspectiva diferente. Los segundos, con una historia no apta para niños debido a la crueldad de Vidal, interpretado por un magistral Sergi López. Algo podía intuirse en ambos casos tratándose de Del Toro, quien ya había creado un precedente con “El espinazo del diablo”.

Un difícil doble contexto

Ofelia (Ivana Baquero) parece abocada a convertirse en la hijastra de ese capitán franquista. Su madre (Ariadna Gil) está embarazada de él y dispuesta a casarse para poner fin a su pobreza. Por ello la obliga a acompañarla hasta el pueblo en el que se haya destinado Vidal. Un estricto militar obsesionado con capturar a los resistentes en los montes de la zona, que pronto mostrará su verdadera cara: La del terror que infunde a la muchacha y a los lugareños.

Huyendo de la suerte que le espera, la protagonista se adentra en un bosque. Allí, por azar, descubre a un fauno que le revela otra bien distinta: Es una princesa de un reino perdido. Y, para recuperarlo, deberá superar varias pruebas tampoco exentas de peligros.

Tanto el mundo real como el ficticio que se le presentan a Ofelia son difíciles. Sin embargo, parece que el último puede abrirle una oportunidad para cambiar su vida. Por ello, acepta la propuesta de un ser que no puede ser tan malvado como Vidal. Pero, al igual que el villano, el fauno tendrá sus matices.

El autor

Durante el espectáculo siempre hay un momento para profundizar en los compositores españoles y, muchas veces, en los aragoneses. El turolense Javier Navarrete siempre aparece para demostrar que esa provincia sí existe. No es muy conocido para el gran público, pese a su larga trayectoria desde los 80. Trabajó sobre todo en producciones catalanas, destacando su labor para directores como Agustí Villaronga, Óscar Aibar o Antonio Chavarrías.

Su colaboración con Del Toro se inicia con “El espinazo del diablo”, coincidiendo con su salto a Hollywood. Quizá las películas más comerciales a las que ha puesto banda sonora sean “Furia de titanes” e “Ira de titanes”. Y sigue en activo.

Incluso compuso, por encargo de su ciudad natal, una ópera sobre los universales Amantes de Teruel.

Una banda sonora mágica, pero sombría

Quienes habéis escuchado mi arreglo en concierto sólo habéis podido percibir una base de esa pieza titulada “Hace mucho, mucho tiempo”. Es imposible tocar todos los trazos que dibujan los instrumentos y mezclar los efectos vocales. Así que es justo que ahora podáis disfrutarla como merece:

Un tema que mucha gente aún – incluido un servidor hasta hace poco – confunde por su estilo con la nana de Mercedes, la mejor amiga de Ofelia en la realidad terrenal (interpretada por una magnífica Maribel Verdú). Quizá porque cuando la niña le pide que le cante para tranquilizarla, se tararea la melodía principal de la película.

En las escenas de las pruebas o claves para Ofelia como princesa la música adquiere una mayor tensión. Los coros son más graves, la percusión retumba, las cuerdas emiten sonidos cortantes y chirriantes y el viento metal se apodera del conjunto orquestal.

Incluso su propio leitmotiv está compuesto en tonalidad menor, con una variación sobre el tema inicial. Es decir, la dicha de Ofelia nunca es completa por las circunstancias que la rodean.

Sin embargo, cuando describe a los maquis, Navarrete utiliza un aire mucho más enérgico, marcial y guerrillero. Como anécdota se menciona a los de Jaca, aunque la película fue rodada en Segovia. De hecho, hay muchas referencias al Pirineo aragonés.

Otro tema a destacar, en mi opinión, es este dramático pero poético que suena durante un funeral (no diré de quién). Atención a la primera intervención del piano.

Es curioso que “El laberinto del fauno” compitiera y arrasara en las ceremonias cinematográficas más importantes como una película mexicana, cuando quizá es una de las mejor valoradas de los últimos tiempos en nuestra filmografía.

Sus detractores afirmaron que era tópica, maniqueísta y que su temática garantizaba arrasar en los Goya. Cada cual es libre de opinar, pero ahí están sus 3 Oscars, 3 BAFTA, varios premios españoles y latinoamericanos, reconocimientos de críticos norteamericanos y unas cuantas nominaciones.

No obstante, nadie puede poner en entredicho su música.

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