“El origen del planeta de los simios”: A veces es peor el remedio que la enfermedad

Tiempo de lectura: 3 minutos

El mal de Alzheimer. Una enfermedad actual que se sigue investigando. Al verla en esta película pensé que esa realidad era un punto de partida fantástico para enlazar, 43 años después, con una historia que parecía ya increíble en “El planeta de los simios”, de Franklin J. Schaffner (1968), a partir de la novela de Pierre Boulle.

Por si no habéis visto sus adaptaciones al cine – Tim Burton realizó otra – o desconocéis el final, os evitaré spoilers. Quedaos sólo con la idea de que en esa película de culto estos animales llegan a ser más inteligentes que los humanos y superiores a ellos, pero no sabemos cómo pudo suceder. “El origen del planeta de los simios” trató de explicarlo en 2011, retrocediendo la acción hasta ese momento.

No hacía muchos años que George Lucas había fallado intentando repetir el éxito de “Star Wars” con sus Episodios I-III. Sin embargo, eso no amedrentó a un joven director llamado Rupert Wyatt, quien se atrevió con otro clásico de la ciencia ficción. Pero, a diferencia de Lucas, aplicando la misma fórmula él sí triunfó con su enfoque.

“El origen del planeta de los simios” plantea la hipótesis de que los papeles entre simios y humanos se invierten debido a una cadena de circunstancias que provocan un efecto dominó. Nuestra especie involuciona por un uso inadecuado de la vacuna contra la enfermedad de Alzheimer. Hecho que será clave en la película, produciendo un aumento en la capacidad racional de los primates.

Los guiños

La precuela consigue no perder la esencia del original. De hecho, homenajea a la película de Schaffner en varias de sus escenas:

  • César: El que será líder de los simios se llama como el hijo de Cornelius en la versión de 1968.
  • Ojos azules (o claros): El nombre con el que los científicos humanos se dirigen a la madre de César es el mismo apodo que sus homólogos simios dan al astronauta Taylor.
  • El manguerazo de agua: El cruel empleado del «manicomio de los monos estúpidos» castiga a César de este modo, igual que al personaje de Charlton Heston en su jaula.
  • Los protectores: Will y Caroline cuidan de César para que no sea capturado de nuevo por los humanos, actuando como hicieron Cornelius y Zira con Taylor.

Una banda sonora tribal

Pero vamos ya con la música. El elegido para componerla fue Patrick Doyle, habitual colaborador de Kenneth Branagh. Doyle dio relevancia a la percusión para ambientar el contexto salvaje de los simios. Los instrumentos de viento metal refuerzan la acción, al igual que los coros imitan el sonido animal. Por el contrario las cuerdas que tanto sobresalen siempre para enfatizar la expresividad y lo melódico – tienen en muchos momentos un rol menor. Se limitan a acompañar, excepto en los fragmentos más descriptivos sobre la convivencia de los humanos protectores con César, por ejemplo.

Estos dos fragmentos resumen lo que he expuesto antes. Además, para mí serían los temas principales:

La precuela funcionó tan bien, que tuvo dos exitosas entregas más hasta completar una trilogía. Rupert Wyatt y Patrick Doyle se retiraron de los proyectos posteriores, dando el relevo a Matt Reeves y Michael Giacchino. Este último partió de las premisas musicales de Doyle para componer sus nuevas creaciones en las bandas sonoras de “El amanecer del planeta de los simios” y “La guerra del planeta de los simios”.

 

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