“El perfume”: Destila un éxtasis en tus oídos

Tiempo de lectura: 4 minutos

147 minutos de metraje para 300 páginas. “Una duración excesiva”, pensé cuando se anunció el estreno de “El perfume: Historia de un asesino”. Ese planteamiento me hizo ir al cine con recelo, pese a que la novela me había encantado. Sin embargo, quería descubrir cómo los olores del libro podían ser percibidos en imágenes. Y, cómo no, escuchar su música.

Tom Tykwer, un joven director alemán, decidió adaptar en 2006 el exitoso y diferente bestseller que su compatriota Patrick Süskind había escrito décadas antes. Todo un reto visual. Pero, además, Tykwer es músico y había compuesto la banda sonora de la película junto a sus “socios” Reinhold Heil y Johnny Klimek. Un atractivo más que acrecentaba mi curiosidad.

Una novela sensorial

El libro narra la historia de Jean Baptiste Grenouille, un francés del S. XVIII carente de olor pero que posee un extraordinario sentido del olfato. Sus negativas experiencias vitales lo deshumanizan, encerrándose en un mundo propio. Trabajando como curtidor de pieles descubre su singular don, el cual lo obsesiona con atrapar fragancias y hallar aquélla que le permita fabricar el perfume perfecto. Sea cual sea el precio por obtenerla. Incluso asesinar. Algo que no le resulta complicado al no exudar. Nadie nota que está ahí, acechando en la sombra, si él no se deja ver.

Para ser fiel a Süskind, Tykwer debía ser capaz de “aromatizar” las imágenes, haciendo que lo etéreo fuera para el espectador tan visible como para Grenouille. Por muy oculto que estuviera el olor que él notara. Así que optó por rápidos movimientos de la cámara que se dirigían hasta el origen de cada esencia. De este modo, el público podía ubicarlas. Después, los primeros y largos planos transmitían esa sensación de profundidad olfativa. Este recurso asociaba la imagen con su correspondiente aroma subliminal, llegando hasta nuestro cerebro.

Una obra estética

La novela trascendía lo literario, pues la estética también juega un papel fundamental en ella. Por tanto la película no podía limitarse a describir el proceso de elaboración de los perfumes. Tenían que entremezclarse además el amor y la muerte, la sensibilidad y la monstruosidad, la elegancia y la truculencia… Un conjunto en el que habrían de lucir los aspectos técnicos, el vestuario, las localizaciones exteriores, la iluminación, la fotografía y, por supuesto, la música. Centrémonos en ella, tras el visionado del tráiler para comprobar el resultado.

Una banda sonora llena de matices

Un chirriante sonido describe la perturbada mente de Grenouille. A menudo lo acompañan voces femeninas que metaforizan a las jóvenes asesinadas. Quizá el tema más destacado de esta clase sea el de la primera de ellas: “The girl with the plums”. La introducción de su melodía principal tiene un esquema musical muy básico, pero suficiente para reflejar la fascinación que despierta la chica en su asesino. Los tres compases iniciales cantados siguen una estructura idéntica: Un silencio de negra y tres de estas figuras, seguidas de una redonda. Es decir, ocho partes divididas en dos bloques de cuatro. Sólo cambia la última nota, que desciende un semitono. Escuchémoslo.

La música se vuelve sombría cada vez que Grenouille mata, con un sonido inestable. También cuando aplica su método para destilar los fluidos corporales de los cadáveres. Entonces predominan la percusión, el fagot, la tuba, el violoncello o el contrabajo, así como voces masculinas graves.

El resto de la banda sonora discurre con un contraste entre lo puro y lo perverso. Los instrumentos cuyo timbre puede ser suave o duro se alternan, dependiendo de la escena. También hay algún momento épico del viento metal, como en las secuencias con mucha gente. Incluso trémolos y ostinatos en los de cuerda, que remarcan la obsesión de Grenouille. Uno de los más importantes es el que precede en “Meeting Laura” a la aparición de la belleza pelirroja que se convierte en el último objetivo del criminal.

Ella es la única que cuenta con una voz solista. La tesitura de la soprano es muy alta, para enfatizar la juventud y virginidad de la muchacha.

ATENCIÓN: SPOILER. Si no conoces el final, no leas lo que sigue tras el vídeo y pasa al último párrafo.

La delicada melodía anterior prosigue en un tema posterior que mantiene los agudos que habíamos escuchado en forma de ensoñaciones en «Lost love». Sin embargo, ahora suenan como gritos que se producen tras la inestabilidad que denota la presencia inadvertida de Grenouille, con su característico chirrido. Aun así, no es una pieza desagradable, salvo por el áspero sonido de los violines. Ejecutan algunos glisandos y sus prolongadas notas son cortantes e incluso molestas, simbolizando el desequilibrio mental del asesino. Las notas dinámicas de la celesta acompañan al ritmo constante del bombo, que imita el latido de un corazón. Jean Baptiste ha llegado hasta Laura, pese a las precauciones de su padre, matándola y rapando su cabellera. Ha conseguido la esencia definitiva para la fragancia que dominará la voluntad de los seres humanos. Lo que él ignora es que su triunfo será tan poderoso, que provocará también su extinción como tal.

Desde el comienzo hasta su desenlace la atmósfera de la banda sonora de “El perfume: Historia de un asesino” es hipnótica y envolvente. Para lograr este efecto Tykwer, Heil y Klimek la dotan de una característica recurrente: Notas sencillas para el oído, limpias, pero al mismo tiempo funcionales y conceptuales. Cada pista define muy bien lo que se quiere contar en imágenes. Por ello guía incluso a quien no ha visto la película. Una hazaña tan meritoria como la que en su día elevó la novela a los altares de la literatura contemporánea.

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