Fernando Velázquez: ¿El nuevo Alberto Iglesias?

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Nacidos en el País Vasco. Premiados en los Goya. Su nombre va asociado al de un director español de éxito. Se han labrado una reputación también en Hollywood.

Salvando las distancias – Alberto Iglesias es mayor que Fernando Velázquez, -, podríamos estar hablando de las trayectorias paralelas de un maestro y su discípulo. Incluso Velázquez comenzó su carrera como compositor de cine a los 23 años. La misma edad con la que Iglesias realizó su primera banda sonora para un cortometraje de Montxo Armendáriz.

Sin embargo, sus estilos son muy distintos. Veamos tres etapas en la obra del más joven.

Una fructífera colaboración

Además de con Koldo Serra y Kepa Sojo – directores que le permitieron dar el salto al largometraje -, Fernando Velázquez comenzó a trabajar en 2002 con Juan Antonio Bayona. Cinco años después ambos sorprenderían a crítica y público con “El orfanato”. Guillermo del Toro apostó por Bayona al creer que tenía potencial para el género de suspense y terror. Él, por su parte, confiaba en Velázquez para crear la atmósfera sonora que necesitaba. Ninguno fue defraudado. La película obtuvo 7 Goyas de 14 nominaciones, una de ellas a la mejor música.

Bayona inició así su llamada “trilogía de la madre” (ya que ésta tiene un rol muy importante en cada guión). El segundo título, “Lo imposible”, arrasó a nivel mundial tanto como su recreación del tsunami de Tailandia. Su tema principal, de gran belleza y con ciertos tintes orientales, da el primer protagonismo al violoncello – el compositor lo toca también – para ir introduciendo al resto de instrumentos de la orquesta. Ésta va creciendo hasta desembocar en el fragmento más famoso. Después, un piano suaviza la intensidad anterior.

En “Estamos de cine” tuvimos el lujo de contar con Julio Luzán como invitado para analizar esta película. Fue el encargado de construir los impresionantes decorados y escenarios devastados por la catástrofe. Podéis escuchar sus explicaciones y las opiniones del equipo del programa aquí.

La última entrega de esta saga fue “Un monstruo viene a verme”, con la que el compositor de Getxo logró por fin el Goya en 2016.

Como pez en el agua

Entre medias, Velázquez recibió el encargo de ambientar la que sería otro taquillazo: “Ocho apellidos vascos”. Tal vez por sus orígenes, o porque Emilio Martínez Lázaro creyó que Fernando era capaz de repetir ese registro (en 2009 había compuesto la música de la parodia “Spanish Movie”). El caso es que la jugada salió redonda. Nominada al Goya, y ganadora a la mejor canción original, su breve y desenfadado tema inicial sustentado por las castañuelas y la txalaparta es un resumen musical perfecto de la esencia de la película:

Así que, aunque no es el género en el que más se ha prodigado, parece sentirse cómodo también en la comedia. La prueba es que luego vendrían otros títulos nacionales como las adaptaciones de los cómics de “Zipi y Zape”, “Thi Mai, rumbo a Vietnam”, “Que baje Dios y lo vea” o “Superlópez”.

Contratos colaterales

A Guillermo del Toro debió de convencerle el resultado de Fernando Velázquez para “El orfanato”, pues éste se encargó de la banda sonora de una producción del mexicano: “Mamá”. Aunque tres años antes el vizcaíno se había adentrado en el terror estadounidense con “La trampa del mal”, sin duda el espaldarazo de Del Toro fue definitivo. De hecho, el cineasta y el compositor unieron fuerzas en la que, en mi opinión, es un muy buen ejemplo de la calidad de ambos: “La cumbre escarlata”. Una traslación a la pantalla de la literatura gótica de casas encantadas, con sus fantasmas y su romanticismo, que llevo en mi repertorio.

La pieza que escucharéis a continuación, “Allerdale Hall” – nombre de la mansión – entremezcla el tema de la protagonista, Edith, con el leitmotiv de la propia construcción. Velázquez consigue que esa casa “respire” y dé muestras de vida, sobre todo con las cuerdas más graves, que representan el crujir de su madera desvencijada. Ello, sin renunciar a guiños mozartianos y de autores románticos como Schubert o Brahms.

Su ámbito de trabajo sigue centrándose en España, pero dada su juventud y su talento, Fernando Velázquez tiene aún mucho tiempo para exportarlo. Le quedan aún veinte años para que podamos comprobar si alcanzará el nivel del donostiarra Alberto Iglesias.

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