“Gladiator”: El nuevo péplum

Tiempo de lectura: 3 minutos

Año 2000. Después de décadas sin películas de calidad en este género, Ridley Scott vuelve a conseguir su resurgimiento con “Gladiator”. No faltó quien lo acusó de poca originalidad, al mezclar en su guión dos títulos anteriores: “Espartaco”, de Stanley Kubrick, y “La caída del Imperio Romano”, de Anthony Mann. Sus detractores también dijeron que el contenido era demasiado sangriento, vacío, maniqueo, poco creíble… Pero todo el mundo coincidió en que hasta entonces no se había escuchado en un péplum algo tan rompedor como la maravillosa banda sonora de Hans Zimmer.

Una obra maestra

Zimmer ha tenido una evolución musical durante su amplia trayectoria. Aunque, en mi opinión, “Gladiator” marca el punto de inflexión. No sólo cambió la concepción de la música del cine épico siendo fiel a la instrumentación de la época. Añadió al mismo tiempo efectos nuevos que la modernizaban e incluso juega con las disonancias.

Las bandas sonoras del llamado “cine de romanos” se sustentaban, sobre todo, en fanfarrias y marchas militares (ya lo expliqué en el caso de “Ben Hur” aquí). Pero Zimmer aporta otras novedades que veremos en este artículo. Esa genialidad para innovar y combinar sin distorsionar el resultado – y que éste sea entretenido para el oído – es una de las razones por las que, para mí, es su mejor composición (por ello arreglé una pequeña suite con los leitmotiv de Máximo Décimo Meridio y Cómodo). Una injusticia que no consiguiera el Oscar.

La introducción

La primera pieza que suena al comienzo de la película – “Progeny” –, con las reconocibles imágenes de Dreamworks y Universal Pictures, nos sitúa ya en contexto. Melodías orientales que evocan los lugares donde transcurrirá parte de la acción cuando Máximo sea llevado a Zucchabar. Y un instrumento que estará muy presente: La guitarra española, en homenaje al origen emeritense del protagonista. De fondo, una nota larga mantenida, tan característica en otros trabajos de Zimmer.

Escenas de batalla

Uno de los platos fuertes de la banda sonora es acompañar la música de los combates a ritmo de vals. Este detalle queda camuflado si sólo escuchas el potente conjunto sonoro con choques de espadas, tambores, trompetas, platillos… Pero haced la siguiente prueba: Contad 1, 2, 3 y comprobaréis que el 1 siempre recae sobre la parte fuerte de cada compás. Se llama ternario por ello. Tiene tres tiempos, al igual que el del famoso baile.

Un pequeño fragmento para que podáis verificarlo.

El poder de Roma

En contraste con la Hispania donde nació Máximo, y su periplo en el norte de África (con instrumentos propios de esa zona y cánticos muy rítmicos), la música se vuelve colosal cuando la historia se traslada a la capital que regía los destinos del mundo civilizado. Zimmer se retrotrae hacia ese clasicismo de percusión y viento metal, aunque acompañado por violines y violas y de coros más solemnes con letras en latín.

La perfidia

Hans Zimmer lo anticipa en el tema del parricidio, para desarrollarlo en “Am I not merciful?”. Oscuro como la personalidad de Cómodo, comienza con una línea melódica a cargo de los instrumentos más graves de las cuerdas. Poco a poco se incorporan in crescendo los demás de esta sección y del resto, pero en tesituras bajas aún. La progresión cambia con la aparición de la percusión, para después casi diluirse.

Vuelve a sonar el breve tema que ya he mencionado para la introducción, antes de que surja uno de los elementos más importantes de la pieza: El coro, que potencia la crueldad del villano junto al viento metal y las campanas. Los agudos apenas son perceptibles.

Lisa Gerrard

A veces gran olvidada porque siempre se atribuye todo el mérito a Hans Zimmer, es coautora de buena parte de la banda sonora. La cantante alemana (líder de “Dead Can Dance”) destaca también como una magnífica compositora. Interpreta la canción final que se hizo famosa – “Now we are free” -, pero también pone voz a otros temas de la película como “Sorrow”, “Reunion”, “Honor him” o “Elysium”. Su carácter étnico aporta ese toque de cultura magrebí entroncada con la romana.

Otro que también intervino en esa colaboración fue Klaus Badelt, autor del tema originario de “Piratas del Caribe”. Muchos creen que es de Zimmer, si bien él compuso la banda sonora de la segunda parte y se asemejan en estilo.

 

Puede que “Gladiator” asentara ese tono grandioso para orquesta sinfónica que luego han seguido otras caras producciones como la propia “Piratas del Caribe”. Por algo sigue siendo un título fijo en los conciertos de música de cine y habitual en spots publicitarios. Un buen espejo en el que mirarse.

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