Lalo Schifrin: Fuerza latinoamericana

Tiempo de lectura: 2 minutos

Os estaréis preguntando de dónde es este tipo con un hipocorístico – nombre abreviado – y apellido tan peculiares, ¿verdad? Porque seguro que no os suena, como tampoco Boris Claudio Schifrin

Pero si os menciono títulos de este autor argentino como “Misión imposible”, “Harry el sucio” o “Bullitt”, la cosa cambia, ¿no?

Ritmo frenético

Todas son películas de acción con bandas sonoras potentes, enérgicas y sobre todo, rítmicas. Desde policíacos (en especial los de Charles Bronson y Clint Eastwood como Harry Callahan), pasando por el género carcelario (“La leyenda del indomable”, “Brubaker”), bélico (“Ha llegado el águila”, “Los violentos de Kelly”), de espionaje (“El cuarto protocolo”) y hasta de artes marciales protagonizadas por Bruce Lee o Jackie Chan (como “Operación Dragón” o la saga de “Hora punta”).

Las melodías de Schifrin suelen ser vigorosas y están marcadas por el bajo, la guitarra eléctrica, la batería o la percusión en general. Estos instrumentos trazan dibujos sonoros, así como ritmos irregulares y sincopados (sucesión de notas rápidas en las que unas son más largas que otras), lo cual crea una sensación más dinámica para el oído.

Influenciado por los ases

Schifrin se curtió como aficionado al jazz durante su etapa de estudiante en el Conservatorio de París, entre la improvisación y las big bands. Esto le permitió conocer, junto a su amigo Astor Piazzolla – otro venerado argentino – a Dizzy Gillespie y a Quincy Jones. El primero quedó tan impresionado con Schifrin, que le propuso componer una suite para él.

Fue el inicio de un camino que le llevaría a convertirse en arreglista de Xavier Cugat y en el director musical del propio Gillespie. Es aquí donde decide adentrarse en las bandas sonoras, dotando a su estilo de elementos jazzísticos y de bossa nova. Fue nominado seis veces a los Oscars y obtuvo otros tantos Grammy, además de cuatro Emmy por sintonías de series de los 70, entre otras “Starsky y Hutch”, “Mannix” o “Centro Médico”.

Aportaciones adicionales

Pero Schifrin, pese a que tiene dedicada una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, no sólo es un excelente compositor muchas veces olvidado. También pianista, director de orquesta y hasta arreglista para Los Tres Tenores en sus conciertos mundialistas.

También Carlos Saura lo eligió para la música sobre el baile por excelencia en Argentina (“Tango”). Incluso hasta la primera participación de Schifrin para el cine fue en una pequeña producción de su país sobre el rock. Ello, sin contar con su aportación discográfica al jazz.

Su talento academicista quedó patente en la banda sonora de la serie histórica de los 80 “Anno Domini”, que relataba los Hechos de los Apóstoles mezclando personajes de ficción y que contó con un reparto de grandes estrellas del séptimo arte.

El tema principal comienza con una línea melódica más pacífica, pero Schifrin no puede evitar dotarla poco a poco de ritmo en ese crescendo del acompañamiento (minuto 2:00). Además, incorpora unos coros que recuerdan mucho a los trabajos más épicos de Miklós Rózsa (sobre todo al final, mientras la orquesta ejecuta la parte instrumental anterior).

La veteranía y oficio de Lalo Schifrin merecería equiparse a la de sus coetáneos. Pero quizá ha quedado relegado a la discreción porque las películas a las que puso música no cosecharon tanto éxito. Como anécdota, su partitura para un título que luego sí lo fue, también acabó en un cajón. Nada más y menos que “El exorcista”. Demasiado terrorífica en el tráiler según los espectadores, como para arriesgar en aquella época.

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