“Los chicos del coro”: Mi experiencia con ellos

Tiempo de lectura: 3 minutos

Recuerdo un libro con partituras de su banda sonora sobre el piano de cola del salón donde ensayábamos cada viernes. Había visto anunciada la película y pensaba ir a verla al cine. Las imágenes me evocaban el coro juvenil “canterano” de la Escuela de Música “Miguel Fleta”, en el que canté antes de ser miembro de la Coral Oscense. Por ello, sentía curiosidad por comprobar si se explicaría algo parecido a lo que viví en mi adolescencia.

Esperaba más

Sin embargo, tras verla me pareció que “Los chicos del coro” no dejaba de ser una historia arquetípica: La del docente que imparte sus enseñanzas en un centro complicado y trata de aplicar unos métodos que “enderecen” a los alumnos. En esta ocasión un profesor de música entra a trabajar a un internado, con la idea de reeducar a sus residentes a través del maravilloso mundo del canto. Sin embargo, no aportaba mucho sobre el aprendizaje progresivo de esos jóvenes. No se mostraba cómo Clément Mathieu les enseñaba a leer una partitura, lenguaje musical, o repetía los pasajes que más les costaban. La película se centraba más en lo entrañable que en lo didáctico. Como mucho, en el casting que hace a los chavales para poder clasificarlos según su timbre de voz.

Aun así, «Los chicos del coro» supuso una amenaza para «Mar adentro» en 2004. Compitió contra la película de Alejandro Amenábar, ganando varios premios, aunque el Oscar fue para nuestra representante. Ello, pese a que ya existía un telefilm sobre el caso de Ramón Sampedro. Claro que el planteamiento de su rival francesa tampoco era original, pues intentaba repetir la exitosa fórmula de otro título anterior de su cine: “La cage aux rossignols” (1947).

Una colaboración inesperada

Pero lo que no podía imaginar era que compartiríamos escenario con los auténticos chicos de Saint Marc. Estos muchachos existen de verdad y sustituían en la parte musical la voz de los actores, a excepción de Jean-Baptiste Meunier (Pierre Morhange), que también es cantante. Desde el estreno de la película, su formación vocal ha realizado bastantes giras por Europa. Invitando, además, a algún grupo colega de los lugares que visitaban. La Coral Oscense fue la elegida en Huesca. Interpretamos con ellos una de las canciones más famosas de la película: “Vous sur ton chemin».

De ahí el libro de partituras sobre el piano. No obstante, no fue tan fácil. Tuvimos que aprender letra y música a marchas forzadas, pues estábamos preparando otro concierto al mismo tiempo. Y, para colmo, la noche de la actuación aumentó nuestra impaciencia porque… ¡un delegado institucional se llevó a los chicos a cenar antes del concierto – costumbre gala – y no llegaron en punto!

Una música exquisita

Pese a su tópico argumento, la banda sonora de Bruno Coulais es deliciosa. Este compositor es uno de los máximos exponentes de su profesión en Francia. En el ámbito del séptimo arte, quizá el más prolífico de su país.

El disco es muy recomendable para quienes no estén familiarizados con el género, pues se escucha con facilidad y no es largo. Lo mismo que el tema que he arreglado para mi repertorio: “Pepinot”. A veces lo toco en momentos de una mayor complejidad, pues funciona como un soplo de aire fresco por su sencillez para el oyente.

Hay bandas sonoras que están por encima de las películas a las que acompañan. En mi opinión “Los chicos del coro” es una de ellas. Por muchos premios que consiguiera. Porque estoy seguro de que cualquiera de sus canciones o temas instrumentales te gustará.

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