“Los intocables de Elliot Ness”: La justicia contra el abuso del poder

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En el cine siempre ha habido casos extraños. Uno inexplicable, en mi opinión, es el de Ennio Morricone. Indiscutible Maestro como compositor de bandas sonoras cuyo talento, sin embargo, tardó cinco décadas en ser reconocido en Hollywood. Porque el honorífico que le fue concedido en 2007 sonó a paripé.

Las malas lenguas dicen que la meca del séptimo arte no da de comer a estómagos desagradecidos. Quizá Morricone fue marginado por preferir componer desde su Italia natal y no desplazarse a Estados Unidos. Pese a ello, la Academia pudo redimir su error cuando el Maestro fue nominado por las bandas sonoras de “Días del cielo”, “La Misión”, “Los intocables de Elliot Ness”, “Bugsy” y “Malena”. Sin contar aquéllas consideradas hoy entre las mejores de su carrera y que ni siquiera optaron al galardón, como “Érase una vez en América” o “Cinema Paradiso”. Pero no lo hizo. Incomprensible, ¿verdad?

Con la sexta candidatura logró por fin su único y auténtico Oscar por la música de “Los odiosos ocho”, de Quentin Tarantino. La admiración del director por su obra, tan presente en películas como “Malditos bastardos” o “Django desencadenado” (ver aquí el artículo sobre su banda sonora) algo debió de influir.

Ya que todas esas anteriores nominaciones quedaron sin premio, me parece obligado recordar una de esas partituras cuya película, además, trataba el tema de la justicia: “Los intocables de Elliot Ness”.

Un arranque portentoso

El tema inicial – “The strength of the righteous” – ya es una declaración de intenciones sobre la acción a la que el espectador va a asistir. Y más cuando Morricone la dirigía en vivo, como tuve oportunidad de comprobar en directo en su despedida en el Wizink Center de Madrid (la crónica completa del concierto puede leerse aquí).

Una batería marcando el ritmo a un piano cuyo cometido es tocar una sucesión de notas rápidas. Es todo lo que necesita el genio romano como carta de presentación. La presencia de los instrumentos de cuerda es también funcional, pues en la melodía destacan otros menos habituales como la armónica, el clarinete o el fagot.

Podríamos debatir si este tema es el más importante de la banda sonora, o lo es el del grupo protagonista. Para su autor este “The strength of the righteous” sí debió de serlo, porque se repite en la escena de la persecución de Elliot Ness a Frank Nitti en la azotea del Juzgado. No obstante, con cambios en los roles de los instrumentos.

Temas secundarios

Pero si algo caracteriza a la banda sonora de Los intocables de Elliot Ness -y que hace aún más injusta la decisión de la Academia – es la cantidad de grandes temas secundarios que contiene. Sirvan como ejemplo los siguientes:

  • Al Capone: Una pianola introduce al conjunto de viento metal. Éste, poco a poco, toma el relevo de la pieza. Después pasa a complementarla con esos ecos que actúan como refuerzo, entrando un bajo y las cuerdas. La música simboliza el poder, el lujo y la ostentación de la que presumía el gángster.

  • Ness and his family: Comienza con una delicada y tarareable melodía a cargo de la flauta. Su estilo es característico de Morricone. Utiliza intervalos muy sencillos y naturales para el oído. Luego viene la réplica con un par de violines, uno de los cuales realiza un pizzicato que se escucha por encima del que toca el tema. Este dúo de cuerda produce una sonoridad casi oriental.
  • Death theme: Un tema melancólico y emotivo, que describe a los cuatro amigos intocables, con el saxofón como solista.
  • Victorious: Unas breves pinceladas iniciales de la tuba dan paso al brillante y épico tema de esta brigada anticriminal. Volverá a sonar en los títulos de crédito de la película.
  • Machine gun lullaby: El director Brian de Palma homenajeó la mítica película “El acorazado Potemkin”, de Sergei Eisenstein, cambiando la famosa escalinata de Odessa por la de la Union Station de Chicago. Morricone no fue menos, reinventándose a sí mismo para ese colofón. Crea una música tan tensa como la propia escena y la hace emerger entre las repeticiones de una canción de cuna. Esa referencia infantil simboliza el cochecito que una mujer trata de subir por los escalones de la estación de tren. Mientras, Ness y sus hombres están apostados a la espera de Capone.

“Los intocables de Elliot Ness” fue una excepción respecto a las superfluas adaptaciones de series al cine. Contó con un gran reparto en el que – aparte de Kevin Costner y Robert De Niro – sobresalió el veterano Sean Connery. También con un espléndido guión del dramaturgo David Mamet y, por supuesto, con la formidable banda sonora de Ennio Morricone. No obtuvo el Oscar, pero sí el BAFTA. Este premio supuso una nueva afrenta para la Academia de Hollywood, en ese pulso continuo que el Maestro italiano acabó ganando. El tiempo pone a cada uno en su sitio, y qué gran verdad es.

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