“The Artist”: Cuando la música lo es todo

Tiempo de lectura: 2 minutos

“The Artist” fue uno de esos títulos que conocí antes por su banda sonora. La historia que contaba no me parecía muy novedosa, pues ya la había visto en “Cantando bajo la lluvia” y – con otra perspectiva – en “El crepúsculo de los dioses”.

Sin embargo, al oír tantas maravillas de ella y por cómo arrasó en los Oscars, decidí buscar su música. Una suite de un cuarto de hora fue suficiente para entender el fenómeno de una película muda en el S. XXI. Además, gracias a “The Artist” descubrí a su autor: Ludovic Bource.

Una presentación de cine

Lo primero que se escucha es una breve obertura que se desarrolla de manera dinámica y finaliza in crescendo, al estilo de las grandes productoras actuales. Le sigue una pieza más épica, que acompaña a la proyección de la película de espionaje que en ese momento estrena el  protagonista. En ella también aparece otro personaje que se convirtió en estrella: El perro Uggie.

Los actores

George Valentin (Jean Dujardin) es un galán consagrado del cine mudo. Por su aspecto recuerda a héroes de aventuras como Douglas Fairbanks o Errol Flynn. Un tipo encumbrado, pero que de la noche a la mañana entra en crisis con la incorporación del sonido a las películas. Es entonces cuando su partenaire secundaria, Peppy Miller (Berenice Bejo) toma su relevo en popularidad.

Bource crea para ambos dos temas que definen su personalidad. El de Valentin es glamouroso y jazzístico, pero también juguetón y desenfadado. El de Peppy, elegante, mimoso y a la par algo pomposo.

Otros momentos destacados

El lugar donde se ruedan las películas – los estudios Kinograph – también tiene su melodía. La escuchamos tras la introducción de los actores, como un actor más.

En el disco hay una pista muy llamativa. Se titula “Imagination” y recuerda a esos clubes de jazz tan de la época. Bource consigue incluso que viajemos en el tiempo, grabando a una big band con un sonido que, al escucharlo, nos parecerá antiguo. Además, el autor inserta otra interpretación de Duke Ellington (“Jubilee Stomp”)

“Silent rumble”, aunque corto, es uno de los temas más recordados. Su cambio brusco y grave anticipa al que describirá luego una escena crucial en la que Valentin está en peligro, con una providencial intervención de Uggie. Y no hago spoilers.

“Comme une rosée de larmes” abre la parte más melancólica de la banda sonora. El piano nos traslada al romanticismo y hasta al impresionismo, con ese claro homenaje a los rápidos ornamentos de la famosa “Arabesque n.º 1” de Claude Debussy. Si observáis la mano derecha de Xavier Munch los detectaréis.

Desde aquí la música alterna lo nostálgico con lo alegre. Sin embargo, una película tan vitalista no podía acabar más que por todo lo alto. Y qué mejor que con ese frenético baile de Peppy y George, uniendo el mundo del cine mudo con el del sonoro.

 

“The Artist” merece un gran reconocimiento, pues su banda sonora es deliciosa y de las más auténticas. Toda la película se sustenta en ella, lo que supone un esfuerzo titánico para el compositor. Una buena música es tan importante aquí como el guión, pues ayuda a olvidar que estás viendo algo sin sonido. Si ambos elementos hubieran flojeado, estoy convencido de que la apuesta innovadora de “The Artist” habría sido un fracaso.

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